Por qué dejamos la ciudad y no volvimos
Este artículo está escrito en primera persona desde la perspectiva de Ricardo Vélez, co-fundador de Weterra y diseñador del masterplan de Tzunari.
Viví en ciudad de México durante doce años. Tenía todo lo que se supone que debes querer: departamento en buena zona, trabajo bien pagado, agenda llena. Y una sensación constante, casi silenciosa, de que algo no encajaba.
No era infelicidad. Era algo más sutil. Como vivir en un traje que técnicamente es tu talla pero que nunca termina de quedar bien.
El momento que cambió todo
La primera vez que vine a Teocelo fue por trabajo. Estaba desarrollando un proyecto de permacultura para un cliente en la sierra de Veracruz y necesitaba conocer la zona. Llegué un martes por la mañana. Había niebla sobre el valle, el aire olía a tierra húmeda y café recién cortado, y los cerros tenían ese verde que solo existe cuando llueve de verdad.
Me quedé el fin de semana.
Tres meses después había tomado la decisión. No fue impulsiva — la analicé, la cuestioné, la puse a prueba. Pero en el fondo ya estaba tomada desde ese martes por la mañana.
Lo que nadie te cuenta sobre irse
El primer año es de ajuste. Extrañas cosas que no esperabas extrañar — la velocidad, la variedad, la estimulación constante. Pero poco a poco descubres que lo que interpretabas como energía era en realidad ruido. Y que sin ese ruido, aparece algo que no sabías que te faltaba: claridad.
Hoy diseño comunidades regenerativas. Vivo en el lugar que diseñé. Como lo que cultivo. Conozco a mis vecinos de verdad. Y esa sensación de traje que no queda — desapareció.
No digo que sea el camino para todos. Pero para quienes sienten lo que yo sentía, quiero que sepan que existe otra forma. Que es real. Y que no hay que sacrificar nada que valga verdaderamente la pena.
Tzunari es el proyecto que nació de esa decisión. Si quieres conocerlo, empieza por aquí.